Usar brackets ya no es tan incómodo

Todos los tratamientos odontológicos han avanzado considerablemente con el correr de los tiempos. Lo que antes era un proceso largo, tortuoso y capaz de dejar secuelas indelebles en la cara de una persona, ahora son mucho más llevaderos, haciendo que las personas le pierdan más el miedo de ir al dentista.

Y no hay algo que haya evolucionado y cambiado tanto desde sus inicios que los frenos dentales, también conocidos como brackets. Este tratamiento, si bien sigue siendo considerado molesto por algunos, es uno de los más efectivos a la hora de hacer correcciones a nivel dental y maxilar. Es por eso que, a pesar de haber sido desarrollado hace más de 200 años, sigue existiendo hasta nuestros días.

Demás está decir que hasta hace unos años, la tecnología seguía siendo bastante tortuosa para las personas que los utilizaban. Si bien ahora contamos con brackets transparentes, antes era casi imposible ver dientes metalizados, víctimas del tratamiento que prometía darles una sonrisa más elegante.

Esos modelos eran mucho más cercanos a los que se podían ver en el Siglo XVII, cuando el Dr. John Nutting Farrar perfeccionó una investigación francesa y llegó a la conclusión de que la aplicación moderada de fuerza en intervalos podía ayudar a que una dentadura quede alineada y recta. A partir de ese momento, el tratamiento comenzó a aplicarse tanto para personas que tenía dientes torcidos como para quienes tenían problemas de mandíbulas invertida.

En estos días, los brackets se pueden diferenciar dependiendo del material que se utiliza. Si bien ya no son tan rudimentarios como en el siglo pasado, los frenos metálicos siguen siendo la opción más eficiente y barata de tratar algunas bocas.

Se estima que un médico profesional, como la Dra Alaya, le puede sugerir este método para personas que tengan dientes con mucho espacio entre ellos, problemas en la mandíbula para masticar o una torcedura de la misma. Sin embargo, el motivo por el cual tantas personas se rehúsan a elegir este modelo es que son muy notorios a la vista, generando una molestia estética sobre todo para los adolescentes que tienen que usarlos.                    

Las alternativas que ahora se utilizan son los brackets conocidos como “transparentes”, ya que pasan desapercibidos entre los dientes del paciente, o incluso pueden ser colocados detrás de los mismos sin que el tratamiento deje de ser efectivo. Quienes quieren incluso darle un toque de distinción a su tratamiento bucal, es posible hacerlos en porcelana, zafiro o incluso por medio de una férula invisible.

Además de aquellas personas que quieran una opción más elegante, este tipo de brackets se suele utilizar con quienes tienen una alergia al metal y no pueden tenerlo en su boca por el peligro de una reacción adversa.

Por último, existe la posibilidad de utilizar brackets linguales. Estos se personalizan dependiendo la necesidad de cada paciente y cuentan con la ventaja de ser completamente invisibles al ojo ajeno. Estos no son fijos, lo cual requiere que la persona necesite de un control más seguico que con las otras opciones.

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